¿Defender el arte y la cultura o el lugar en una industria?

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Si esta no es la entrevista cúlmine del libro, no me interesa

Escroleando por Twitter (me rehúso a llamarle “equis”), me topé con una discusión que a pesar de ser reciente parece antaña: el rechazo a la implementación de la supuesta “inteligencia artificial” en cualquier instancia artística. En este caso particular, el enojo del gremio literario (si le podemos llamar así), desatado por un libro publicado por Yuriria Sierra, titulado Cartas imposibles (y urgentes) en el siglo XXI, de la editorial Aguilar, parte del emporio de Penguin Random House. Como la propia autora admite, utilizó herramientas IA (Chat GPT) para simular entrevistas con personajes históricos famosos, los resultados de estas interacciones fueron recopilados y publicados en el libro. La idea se le ocurrió, tal cual declara en una entrevista para Radio Fórmula, luego de preguntarle a la plataforma por su abuelo; incluso llegó a señalar que “habló con él” porque “hay mucha información de él en internet”, como si efectivamente Chat GPT fuera una especie de cibergüija (está chingona la idea, le doy crédito por eso). 

Pero solo se publica lo que tiene «calidad»… ¿o no?

Lo primero que llamó mi atención fue que muchas de las críticas se centraron en el hecho de que semejante editorial publicara el libro mencionado, como si fuera una especie de sacrilegio a la literatura y no una simple decisión comercial como las decenas o cientos que toma el ente monopólico que concentra casi la tercera parte del mercado mundial de libros y productos editoriales. Es así porque, en caso de que alguien no esté enterado, Random House es parte de un oligopolio mundial que domina la mayoría de los puntos de distribución de literatura, tanto impresa como digital, incluyendo plataformas electrónicas, librerías y ferias de libro, incluso municipales y “públicas”. Estas empresas publican lo que publican con criterios predominantemente comerciales, y no debe sorprender a nadie que comercialicen cualquier libro que consideren que será un buen negocio, tenga IA o no; seguramente veremos más casos similares en el futuro.

Lo segundo que llamó mi atención fue que apuntaran lo irónico que resulta la implementación de una leyenda anti IA que contiene el libro, lo cual en realidad es una práctica estándar del emporio desde 2023, año en que decidieron “proteger” la propiedad intelectual de sus libros prohibiendo expresamente que su contenido sea utilizado para entrenar modelos de IA generativa y herramientas similares. Esta decisión incluso fue agradecida por algunas organizaciones de escritorxs en Estados Unidos. Claro que la empresa del pingüino nunca dijo que no usaría la IA para producir sus libros *guiño guiño*,  solo se protege de que alguien más le quiera dar baje con lo que comercializa. Le gusta hacer, pero no que le hagan como decía mi abuela. 

También vale la pena recordar cuando Penguin demandó a Open AI (la empresa de Chat GPT) por copiar un libro infantil de Ingo Siegner, autor alemán. El caso sigue abierto, pero lo más probable es que termine en algún tipo de acuerdo monetario entre ambas empresas, porque lo que realmente le importa a un conglomerado internacional que cotiza en la bolsa no es salvaguardar la integridad de los artistas y el arte humano en general, sino proteger sus intereses económicos.

Si Random House tuviera alguna preocupación desinteresada por el arte, un libro como el de Yuriria Sierra jamás hubiera llegado a publicarse en ninguno de sus sellos. 

Estúpida, mi prestigio, idiota

Lo tercero que me sacó de onda, fue que mucha banda defendiera una especie de “buena literatura” y la figura del “buen escritor o escritora”, lo cual me parece un poco extraño, y en algunos casos hasta ridículo. Que si fulano o mengana se leyeron un chingo de archivos y por eso tenían “derecho” de escribir sobre la vida y experiencia de personas que nunca conocieron; que si se “pervierte” el oficio de escribir permitiendo que cualquier regurgitación de la Ia IA sea publicado en lugar del “verdadero arte”; que si pobres escritores independientes que nadie los pela y ahora menos porque Random House y compañía prefieren publicar basura de IA en lugar de sus obras… puedo coincidir con algunas de las quejas, con otras no tanto, pero creo que estamos perdiendo el punto completamente:

¿Queremos defender la literatura como arte en sí mismo, o nuestro lugar en la industria? 

Y ojo, que me parece válida cualquiera de las dos posturas, pero hay que dejarlo claro. Si defiendo la idea de la “buena literatura” automáticamente tengo aceptar la existencia de la “mala literatura”, y es así como fácilmente podemos llegar a la conclusión de que la “buena literatura” debe ser publicada, apreciada y sus autorxs endiosados; mientras que la “mala literatura” debe ser desechada y olvidada, de hecho hubo un vato que tal cual dijo que la IA era para mediocres sin talento y que en lugar de estar en un basurero ahora publicaban en Aguilar (confía en mí carnal, perdí el tuit, pero te juro que así lo dijo). ¿Y cuál es el problema con esa postura? Que ver el arte como un ejercicio de unos cuantos iluminados y talentosos no solo es algo profundamente elitista y clasista, también es una postura falaz; nada es bello por sí mismo (solo los kantianos creen eso), sino que es validado por un contexto sociocultural e históricamente determinado. El arte, como máxima expresión creativa de la humanidad, no es hermoso ni feo en sí, sino que nosotros le damos ese carácter dependiendo de nuestro contexto. 

Esta es la idea de arte que a mí me interesa defender: la capacidad creativa humana que puede tomar infinitas formas (tan infinitas como los gustos existentes) y, en última instancia, crear significado y trascendencia. Eso no lo va a hacer ninguna IA.

Defender el arte y la cultura, y defender los intereses del gremio son cosas diferentes

Así que vuelvo al punto anterior. En realidad yo creo que cierta banda escritora lo único que está defendiendo es su lugar en un mercado y una industria, y no el acceso al arte y la cultura en general. Y es completamente válido: exigir que el trabajo de las personas trabajadoras del arte y la cultura, en este caso de la literatura (aunque hay muchísimos otros campos) sea respetado, bien remunerado y reconocido tanto por el Estado como por las empresas. Recordemos que en la Unión Europea ya existe la AI Act, primer documento legal que regula a las plataformas de IA en su territorio y que, entre otras cosas, les prohibe replicar o entrenarse con material protegido por derechos de autor. Uno de los primeros pasos que el “gremio literario” (si existe tal cosa) podría tomar en México es el de impulsar una ley similar, con el objetivo de proteger sus derechos e intereses, lo cual es, insisto, totalmente legítimo y yo apoyaré cualquier iniciativa al respecto. 

Sin embargo, no podemos hacer de cuenta que los intereses del “gremio” son los intereses del pueblo, ni que el “gremio” salvaguarda la única y auténtica manera de hacer arte. Intentar colocar en la opinión pública la percepción de que la IA va a acabar con todo el arte y la cultura es, además de una exageración, una postura demagógica. Defendamos nuestros intereses dentro de una industria, pero separemos ese tema del resto de problemáticas, como el acceso, la formación, distribución etc. 

Como última nota. A mí no me preocupa que Random House o alguno otro de los integrantes del oligopolio de la literatura publiquen una cosa u otra, tenga IA o no, porque el problema de fondo, desde mi punto de vista, es que controlen los canales de distribución y comercialización de productos editoriales. Para combatir esto, me parece un poco ingenuo pedir que la industria sea “buena”, eso sería como pedir que exista un capitalismo justo y amigable. Lo que tenemos que hacer es crear nuestros propios canales de distribución, seguir abriendo espacios para que cada vez más personas se acerquen al arte, lo practiquen y lo aprecien… o quién sabe, a lo mejor un día aparece una IA gestora cultural y formadora artística y me retira. 😂


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