Por Julio César Hernández Pizano
Fue durante una fría noche del verano boreal de 1816 que la escritora inglesa Mary Shelley, concibió una historia que revolucionaría la ciencia ficción y el horror. Se trataba de Frankenstein o el moderno Prometeo, una novela que, a través de la tragedia de su protagonista, el científico Victor Frankenstein y su criatura reanimada, nos enfrentaba con dilemas existenciales. La obra evidenciaba el peligro que conlleva rebasar los lìmites éticos de la ciencia, así como las consecuencias funestas de la ambición desmedida.
La fascinación por Frankenstein pronto rebasó el mundo del papel y llegó a las
pantallas de cine. Desde sus inicios, el séptimo arte ha llevado la obra de Mary
Shelley a distintas adaptaciones, reinterpretaciones y parodias. Desde la pelìcula de 1931, que nos brindó la imagen culturalmente más icónica del monstruo interpretado por Boris Karloff, pasando por las sangrientas producciones de los estudios Hammer en Inglaterra y hasta la adaptación más reciente dirigida por Guillermo Del Toro, todas han intentado llevar la esencia terrorífica y melancólica de la historia original.
Nuestro cine nacional tampoco fue ajeno al fenómeno de Frankenstein, fueron varias las películas que llevaron este clásico de la literatura a los cines mexicanos con versiones estrafalarias, no tan fieles al material de base pero no por eso menos fascinantes. Creo que algunas de estas interpretaciones los emocionarán. Puede que los sorprendan. Incluso podrían horrorizarlos. Para aquellos de ustedes que tengan una objeción nerviosa, les aconsejo que se retiren ahora. Aquellos que se queden… bueno, les advertí.
Frankenstein en el cine mexicano de ciencia ficción

Curiosamente, muchas de las primeras apariciones del monstruo de Frankenstein en el cine mexicano fueron en comedias (donde la criatura siempre era llamada con el apellido de su creador). Películas como El castillo de los monstruos (1958)
protagonizada por el comediante Clavillazo y El Médico Loco, Frankenstein y el
Vampiro (1962) con Manuel “El loco” Valdez encabezando el reparto, retrataban al monstruo con un maquillaje (o una máscara) que intentaba emular la estética que Boris Karloff le dio al personaje. Siempre como un antagonista torpe y muy fuerte que se alejaba de la complejidad dada originalmente por Mary Shelley. Esta tendencia del monstruo plano se repetiría durante varios años en otras producciones cómicas como: Capulina contra los monstruos de 1974 y Chabelo y Pepito contra los monstruos filmada en 1973.
En el cine de terror y ciencia ficción, Frankenstein encontró representaciones mucho más dignas y respetuosas del material original. Orlak, el infierno de Frankenstein fue una película mexicana estrenada en 1960, en la que el científico era interpretado por Andrés Soler, mientras que su creación (aquí llamada Orlak) fue encarnada por el actor Joaquín Cordero. Esta cinta retoma elementos de la novela, llevando su argumento a terrenos más tecnológicos (la criatura no es un ser armado con partes de cadáveres, más bien se trata de un cyborg, un esqueleto mecánico recubierto con tejido vivo. Concepto que curiosamente el director norteamericano James Cameron utilizaría algunos años después para Terminator). Orlak, el infierno de Frankenstein trata sobre los peligros de los avances tecnológicos e incluso a 65 años desde su estreno ya nos advertía sobre los peligros existentes en la corrupción y el mal uso de las inteligencias artificiales.

En el subgénero del cine de luchadores, Frankenstein fue reinventado como uno de los supervillanos más temibles a los que se enfrentaban los héroes enmascarados. Comenzando estos encuentros en Santo y Blue Demon vs. Los Monstruos, una cinta en la que los campeones justicieros hacían equipo para detener los planes de un malvado científico y su ejército de monstruos (que por supuesto incluía a la criatura de Frankenstein).
Posteriormente, en 1971 apareció Santo vs. La hija de Frankenstein, una historia
de ciencia retorcida, superhumanos y tráfico de órganos, en la que el enmascarado de plata le hizo frente a la descendiente del científico original, Freda Frankenstein, una mujer de ciencia obsesionada con la juventud eterna (interpretada por la actriz Gina Romand). Dos años más tarde, en 1973, El Santo regresaría nuevamente acompañado del demonio azul en: Santo y Blue Demon vs. El Doctor Frankenstein, una película que prácticamente es un calco de la anterior, solo que en esta oportunidad los luchadores se enfrentaban contra el Doctor Irwing Frankenstein.

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